El pasado martes, Catalina, una burra de dieciocho años, y Chocolate, su inseparable pollino de apenas nueve meses, llegaron a Casa-jardín Filou para comenzar una nueva etapa entre nosotros.
Un pequeño regreso al pasado
Su llegada tiene algo de simbólico.
Durante siglos, los burros fueron compañeros inseparables de la vida en nuestros pueblos. Araban los campos, transportaban la cosecha, acompañaban a los agricultores en largas jornadas y, sobre todo, formaban parte de la familia. En casi todas las casas había una cuadra, y aquellos animales compartían el día a día con las personas.
Con la mecanización del campo fueron desapareciendo poco a poco. En Belmonte de San José hacía muchos años que no se veía un burro viviendo de manera permanente en el pueblo.
Por eso, la llegada de Catalina y Chocolate supone también un pequeño homenaje a esa memoria rural que todavía permanece viva entre quienes la conocieron. Como escribía el periodista y escritor Ramón Mur en su blog Entre páginas, no es solo la llegada de dos animales: es también el regreso de una parte de la historia de nuestros pueblos.
Una nueva vida en Filou
Catalina y Chocolate han llegado desde Lledó, en el Matarraña.
En Filou les hemos preparado un refugio de madera y un espacio tranquilo donde descansar, pasear y pastar. Queremos que vivan con calma, respetando siempre su bienestar y permitiendo que quienes nos visitan puedan conocerlos de cerca sin alterar su tranquilidad.
No vienen a trabajar.
Vienen simplemente a ser burros.
Bienvenidos a casa
Catalina y Chocolate ya forman parte de la familia de Filou.
Si vienes a visitarnos, acércate a saludarlos con tranquilidad. Ellos no entienden de prisas ni de relojes. Solo conocen el lenguaje de la paciencia, de la curiosidad y de las pequeñas cosas.
Y quizá, sin darte cuenta, consigan que tú también desaceleres un poco.
Porque, al fin y al cabo, eso es también Filou: un lugar donde el tiempo vuelve a caminar al paso tranquilo de un burro.
